había una vez dos hermanitos, niño y niña, muy trabajadores
que ayudaban en todo a sus papas, que eran muy pobres. Para poder comer, iban
al bosque en busca de fresas silvestres.
Aquel año, tuvieron que adentrarse mucho entre árboles para
encontrar algunas fresas. Tanto, que se perdieron y no supieron volver a su
casa.
Es por aquí. Lo recuerdo muy bien-decía el hermanito.
No, es por allá. Cuando veníamos vi esa flor –decía la niña.
Estaban discutiendo cuando resonó un gran grito en el bosque
Al principio se asustaron mucho, pero luego fueron a
socorrer al que gritaba. Era un viejo gnomo que se había pellizcado su larga
barba bajo una roca.
Con mucho esfuerzo, levantaron aquella enorme piedra y el
enano quedo libre. Uy agradecido, les aviso que tuviesen mucho cuidado con una
bruja muy mala que habías por aquellos lugares.
Nada más decir esto, una feísima hechicera llegó volando
sobre su escoba.
¿os gustaría comer los dulces más deliciosos que existen?
Dijo a los niños al aterrizar.
Los hermanitos, entusiasmados con la idea, se fueron con la
bruja hasta una linda casita echan de chocolate y nata. Los niños comenzaron a
comer muchísimo hasta que casi no se podría mover.
Fue entonces cuando la hechicera les metió dentro de la
casa, que era fea y horrible, y les dijo que serían sus criados para siempre y
que, si no le obedecían, se les comería. Los niños se pusieron muy tristes ante
la idea de no volver a ver nunca más a sus papás.
El gnomo, al que habían ayudado, entro hasta donde
estaban encerrados los niños y consiguió abrir la puerta. Fue entonces cuando
la bruja se despertó y empezó a perseguirles con sui escoba.
cuando estaba a punto de alcanzarlos, aparecieron tres
enanitos más, que dieron un gran escarmiento a la malvada bruja.
Los hermanitos pudieron volver a su casa y se sintieron
muy contentos de tener tan buenos amigos.
Y esta es, niños, la lección.
No dejes que los dulces te lleven por un camino malo,
pues puedes encontrarte a un ser malvado.













