En cierta pelea, un gallo
había vencido a su rival, quedando ante sus gallinas, victorioso y mas pomposo,
como un gran sultán en su harén.
Desde lo alto de un palo
pregonaba su gran hazaña el buen gallo.
En eso, un gavilán lo vio y, cogiéndolo,
lo llevó y mato.
Desde ese día, el gavilán
quedo como señor del gallinero.
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